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No poeta ni escritora, más bien alguien que chorrea palabras y algunas veces con tiene coherencia. Bien oscurita como un bosque sin luz, pero que tiene harto viento y no te deja dormir.
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domingo, 4 de abril de 2010

Intimidad en los supermercados

Hoy fui al supermercado, necesitaba cosas para el colegio y además me gusta pedir comida.
Descubrí entre paseos por los pasillos, la poca privacidad de los supermercados de hoy, donde ya no solo vamos a comprar comida, si no también ropa, zapatos, ropa interior, accesorios y cosas varias. Pude notar como una mujer de unos 45 años buscaba entre los sostenes uno de su talla (36 B, me imagino), mientras ella revisaba, me preguntaba como no sentía verguenza, siendo que hombres se paseaban detrás de ella y observaban sus preferencias en terminos de ropa interior, quien sabe cuantas fantasias sexuales pudo provocar la pobre señora sin querer... depravados.
Unos instantes después me descubrí en situación similar, buscando pantalones de pijama, encontré uno de mi talla y lo llevé donde mi mamá para que lo viera, al notar que me paseaba descaradamente con algo podría ser mi futuro pijama por los pasillos, lo solté inmediatamente y lo dejé tirado. Estamos expuestos a muchas cosas, una de esas, ser espiados/paparazzeados/psicopateados por cualquier tipo de engendro o especie de ser humano que transite por las vias de una supermegahiper tienda, que ahora se llaman supermercado, pero que la verdad son un mega bazar de la esquina tocado por un genio de lámpara que decidió agrandarlo.
En resumen, somos victimas de nosotros mismos, espiamos y somos espiados cada vez que vamos al Lider/Jumbo/Santa Isabel (que dice que nos conoce, y es cierto) y todos esos supermercados psicópatas que saben lo que comemos, lo que usamos (y su talla), nuestros gustos, la cantidad de azucar que comemos y cuanto confort necesitamos.
Sientase espiado, sin miedo, por que en este minuto la persona que lo vió en el súper se acuerda de usted, y tambalea al saber que paranóicamente usted notó la mirada inquisitiva de sus pupilas penetrantes.
Y si quiere, vaya de compras mañana, quizás pueda espiar descaradamente, yo lo hize hoy, y no me quejo.

Cuando este súper mercado le dice que lo conoce, créale, lo hace.

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